Nutrición

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Alrededor del 90% de las personas tenemos problemas intestinales.
¿Se trata del número de calorías o se trata de tu relación emocional con la comida y la forma que las asimilas? 

La comida como todo en la vida la puedes observar como un acto simple y mecánico al que hay que ponerle indicadores que nos polarizan en lo permitido y lo prohibido; o la puedes ver como una expresión íntima de tu ser proyectando tus amores o tus horrores. Identifique su relación emocional con la comida definida en su mejor versión o en una dinámica de autodestrucción continua.

Ya hay muchos hablando de: dietas, ayunos, superalimentos, suplementos, etc. Yo te quiero invitar a la reflexión acerca de que uno de nuestros instintos basales es el nutrirnos para estar más: fuertes, sentimientos e inteligentes. La alimentación ha sido la base de la evolución, la que hizo que nuestro cerebro creciera abismalmente -según algunas teorías- con la gran cantidad de omegas que comimos en nuestro paso por el agua. ¿En qué momento en este camino hemos perdido este instinto de sable qué esquina de acuerdo a las circunstancias? Así como lo hacen sabiamente los animales que: van invernar, los que van a aparearse o los que están enfermos. 

No se trata de falta de: información, conocimiento ni entendimiento, tenemos de hecho disponibles: profesionales de la nutrición y aplicaciones que nos dan muchos datos. De hecho, tal vez ese es el problema, estamos inundados de datos y hemos dejado a un lado el valor de la experiencia. Lo que tiene que ser una experiencia personal para nutrir tu propio cuerpo de acuerdo a su historia y actualidad, ha vuelto en una masificación robótica de seguir las tendencias. Ya sea: Jugoterapia, Keto o Ayuno, lo que estamos en la cartelera de nutrición todos lo que queremos consumir.

Es muy difícil para el ser humano moderno no entrar en contradicciones ya que es muy difícil tener cualquier relación con algo o alguien que no se conoce o entiende de donde viene y lo que le ha costado ser lo que es. Para ponerlo más claro, simplemente la mayoría de las personas que vivimos en una ciudad no sembramos ni participamos en ninguna parte del ciclo para que nuestra comida esté lista para consumir. Tampoco sabemos bien su edad real y con qué fue nutrida nuestra comida .; ni tenemos tiempo para cocinar tan frecuentemente como quisiéramos, y al parecer, cada vez menos tiempo con plenitud mientras comemos con otros. El acto de comer se ha vuelto de pura supervivencia o como mecanismo de autodestrucción.

El punto es que estamos tan distraídos al momento de comer que no registramos qué nos hace bien o nos hace mal y mejor nos obsesionamos por la calorías y ciertos grupos de alimentos para endiosarlos o satanizarlos. La realidad es que estamos poniendo poca atención en la absorción que tenemos de cada alimento y del contexto al comer.  Es muy simple, aunque comas el mejor superalimento, si tu cuerpo no lo está absorbiendo de forma substanciosa no te está nutriendo óptimamente.

¿Cómo puedes saber si estás absorbiendo correctamente los alimentos? La respuesta es : “estando concentrado mientras viene”. Disfruta tu comida, saboréala, huélela, obsérvala, mastica despacio, siente como deglute las comidas, cómo llega al estómago, presta atención en la fusión de temperaturas entre tu estómago y alimentos. Lleva por un tiempo un registro de tus sensaciones, incluye aspectos emocionales como: ansiedad, culpa, tristeza o alegría al momento de comer y verás que tu cuerpo te irá guiando en la selección de tus alimentos. También fecha el tiempo alguna vez de sembrar algo y cuidarlo para después de cocinarlo, si lo haces verás que no es muy difícil estar maravillado, sentirse agradecido y darle un tinte ceremonial al cocinar esos alimentos.

También es muy recomendable consumir probióticos para fortalecer tu flora intestinal, comienza primero con productos naturales y caseros como: Kombucha, kéfir y otros fermentados, los cuales te ayudan a la digestión. Una buena digestión es clave para que te sientas liguero, con energía y hasta para sentirte feliz y que en el intestino también genera serotonina.

 

J. Alberto Cortina